La falta de alumnado hizo que los profesores se mostraran aún menos didácticos que de costumbre; especialmente Vivi. Todo empezo por dudas. Y respuestas desconcertantes de nuestra parte, algunas esperadas y otras no tanto. Noté como cada uno de nosotros es curioso, a tal punto que nos interesa más un chusmerío sin sentido que las cosas que realmente importan. Nuestro inmenso mundo interior se llena de información que no debería estar ahí. En vez de haber luces que se prenden y se apagan, flechazos que sangran y otros sanan, pequeñas demostraciones de afecto que sentimos gigantescas, colores que cambian todo el tiempo, risas sin chistes (que aún así nos hacen felices). Hay partecitas de una novela ajena, una historia inconclusa, por no saber el principio ni el final (aún menos el conflicto). Ellas nos llenan de momentos que confundimos con nuestros, generan soluciones que no son apropiadas para nuestro problema. Pasaría a ser como si nos preguntaran cuanto es "2+2" y respondieramos con un "el arte nos propone expresarnos libre pero personalmente". No es lógico. Deberíamos preocuparnos más por el centro de nuestra mente, ver si ahí necesitamos una respuesta coherente y definida, alimentar nuestro pequeña flor negra, y pintarla de los colores que queramos. Y así, mirar al mundo. Y si nos tienta vivir la vida del otro, tratemos de ver su flor y la nuestra, y no gastarse en hacer una comparación, porque nuestra flor es especial a su manera. Y la del otro seguramente también lo es, no importa los colores que tenga y que tan alta sea. Siempre va a ser un placer ayudar a pintarla y regarla. Porque si tu flor esta bien, la mía esta aún mejor.
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